El manos de tijera del básquet

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Mauro Baes (30 años y 1m85) practicó básquetbol como gran parte de los bahienses. Se inició y permaneció por varios años en Olimpo, aunque nunca sobresalió. La vida lo fue llevando por distintos caminos, sin que se apagara jamás su entusiasmo por este deporte. De hecho, en la actualidad, continúa despuntando el vicio como interno del equipo “Ay Dios mío”, en la liga amateur. Lo cierto es que el destino le tenía preparada una enorme y grata sorpresa: iniciaría una próspera carrera vinculada a la peluquería que tuvo el guiño de muchos basquetbolistas locales, algo que le permitió mantenerse muy cerca de la anaranjada. Hace poco consiguió inaugurar su propio local,  “Arístides”, donde predomina la temática del básquetbol. Lo más valioso allí es la camiseta “14” de Argentina encuadrada y correspondiente a Gabriel Deck: está firmada por todos los dirigidos por Oveja Hernández. ¿Cómo la obtuvo? Pasen y entérense. La cuenta el propio estilista de selección…

Los sueños están para cumplirlos.

Y vaya si Mauro Baes pudo cristalizar el suyo: con apenas siete años dedicados a la profesión de peluquero, ya logró establecerse en el rubro, plantar su propio negocio y continuar ligado al básquetbol.

No hace falta ser un crack o un multicampeón para tener un lugarcito en ese mundillo. Son varias las actividades que rodean al deporte de los cestos.

Y Baes halló la suya plasmando arte en las cabezas ajenas.

De hecho, se lleva la mejor parte, teniendo en cuenta que al momento de sentar a sus clientes en el sillón los encuentra relajados y más predispuestos al diálogo, lo cual le permite estrujarlos al máximo en su interés por conocerlos más.

Mauro seguramente no materializó lo que añoraba dentro del rectángulo, pero si lo concretó con la maquinita, las tijeras y la tintura en la mano.

¿Hasta dónde llegó? Hasta atender al seleccionado mayor albiceleste. ¿Qué tal?…

-Mauro, ¿cuánto tiempo jugaste?

-Jugué desde chiquito en Olimpo hasta Cadetes, más o menos.  Después dejé por dos años. Y volví a jugar un año en Barracas (2009), más otro siendo segundo año de juvenil, en 2010, en Independiente. Y ahí ya terminé. En la primera del viola estaba Palumbo de DT y jugaba con Scarpaci, Pizzorno, Montanaro, una linda banda… Ahora juego en la liga amateur.

-¿Te identificas con Olimpo?

-Sí, porque nací ahí. Mis hermanos jugaron ahí y mi viejo integró la comisión por varios años.

-¿Quiénes estaban en tu camada del aurinegro?

-Soy del ’91 y desde chiquito jugaba con Germán Ressia, hasta que se pasó a Bahiense. También estaba Mauro Miérez…

-¡Linda media cancha esa! Veías pasar a la pelota… (Risas).

-¡Sí! (Risas). A Germán ahora me lo cruzo cada tanto en la liga amateur, vi que está jugando en un equipo. Ambos estamos en la liga que organizaba Uno Bahía Club y que ahora se juega en cancha de Independiente y La Falda. Estoy con un grupo de amigos que jugamos, pero sin entrenamientos, ni nada… Una vez por semana nos juntamos a joder y después vamos a jugar.

-¿Cómo se llama el equipo?

-Le pusimos “Ay Dios mío”, en honor a Leo Montero. ¡Hay cada nombre en esa liga…! Van tres fechas, en la primera tuvimos libre y después ganamos uno y perdimos el otro. Habíamos jugado una fecha sola antes del paráte, pasaron tres meses y ahora se volvió la semana pasada.

-¿Cuál es tu puesto?

-Ahora estoy jugando de “5”, de interno, porque soy el más alto del equipo. Así que no me quedó otra que ir a fajarme con los grandotes de los otros equipos.

-¿Pero cuánto medís?

-1m85.

-Claro, te quedás corto…

-¡Sí! Fijáte que el último partido tenía enfrente a uno de 2m00 y es dificilísimo…

 

Arístides llegó de Mendoza

-¿Mientras jugabas ya pensabas dedicarte a la peluquería? ¿Estabas estudiando?

-No. Trabajaba en una fábrica de envases plásticos, nada que ver… Después renuncié ahí y estuve unos meses sin hacer nada, hasta que empecé a estudiar peluquería porque mi peluquero me insistía para que lo hiciera. La verdad, al principio no me gustaba. Pero de a poco fue cambiando, me empezó a gustar cada vez más y arranqué trabajando en mi casa. A los dos-tres meses pude entrar como empleado de una peluquería del centro.

-Ahí fue cuando te conocieron los basquetbolistas.

-Sí, soy fanático del básquet y empecé a cortarles a chicos que jugaban. Fui conociendo más y más gente del ambiente y me entusiasmé.

-¿Cuánto tiempo estuviste cómo empleado?

-Ahí estuve cuatro-cinco años, hasta que me pude largar solo. Volví a trabajar un año en mi casa y ahora hace poco que pude abrir mi propia peluquería.

-¿Es un lugar que pudiste diagramar a tu modo?

-Exacto. Estoy en Zelarrayán 1346. Antes era una despensa, lo reformé todo y lo hice a mi gusto. Todos los meses le voy agregando algo nuevo y poniéndole cositas del básquet. Por ahora trabajo solo.

-¿Por qué elegiste el nombre “Arístides”?

-Tengo a mi hermano viviendo y trabajando en Mendoza. Allá hay una calle, que es como la avenida Alem de acá, que se llama Arístides. Ahí están todas las cervecerías y restaurantes. Es preciosa. Y cada vez que viajé para allá, hicimos una recorrida y quedaba fascinado. Entonces, cuando empecé a buscarle un nombre a mi peluquería, después de tantos meses de que no saliera nada, dije, “ya está, vamos con ‘Arístides’” en honor a Mendoza. Es rara la historia, pero ahora ya estoy re identificado con ese nombre.

 

La cresta de la ola

-¿Cómo se fue propagando tu nombre y profesión en el ambiente local del básquetbol?

-Trabajando en esa peluquería del centro, el primero que vino fue el Ruso Bettiga (ex Olimpo, hoy en Ferro). Pegamos buena onda, fue dos-tres veces más, nos sacamos una foto y la subí al Instagram. De ahí, no me acuerdo quién, pero vino a cortarse alguien relacionado a él. Sacamos otra foto, la subí y, de a poquito, empezaron a ir otros. Después aparecieron Nico Paletta, Rami Santiago y cada vez eran más… Comenzó a moverse mucho cuando vino Fausto (Ruesga), después de ganar las dos medallas olímpicas…

-¿Fue cuando protagonizó ese video que está en las redes?

-No, eso fue la primera vez que él vino. Ese día nos sacamos una foto y todo se movió más, porque pegamos una onda bárbara con Fausto y se re prendía para hacer videos, fotos…

-Y surgió de hacer un video de publicidad con él.

-Claro. Tengo a mi cuñado que trabaja con esos temas de filmación y edición y le pregunté a Fausto si se prendía para hacer un video. Y se re prendió, un genio. Hasta me hizo un regalito de unas zapatillas bárbaras, que las tengo colgaditas en la pieza… ¡No me las puedo poner porque calza como 46! Sino las usaría para jugar… (risas).

-¡Qué bárbaro! Entonces los chicos te conocieron en el centro y ahora son fieles yendo a tu peluquería propia.

-Exacto. Siempre siguieron viniendo, incluso cuando estaba trabajando en mi casa. Y, ahora, más todavía.

-¿Hay muchos que te pidan un platinado o solo fue La Bella?

-(Risas) Leo es un genio… Había venido con el pelo todo amarillo, no sé si se había teñido solo o con la hermana y, esa vez, lo atendió una compañera mía.

-¿Los cortes que se hacen los jóvenes son todos más o menos parecidos?

-Sí, son parecidos… El que no sabe, lo ve fácil, pero no es fácil… Cualquiera que esté arrancando, le cuesta mucho hacer este tipo de trabajos. Hay que tener una experiencia. Yo llevo siete años y me salen con los ojos cerrados. Pero, en general, los trabajos son medianamente parecidos. Los cortes que se hacían cuando comencé a trabajar eran un poco diferentes y, ni hablar, los cortes de antes, casi ni se usaba la máquina…

-¿Qué corte está de moda actualmente?

-Ahora se hace un degradé abajo. En el basquetbolista se está usando muchísimo la cresta. Cresta para todo… Basquetbolista que viene, el 90% se hace una cresta. Eso los identifica.

-¿Con el rapado a los costados?

-Claro. Bien rapadito a los costados, dejar pelo en la parte de atrás y arriba varía según los gustos: puede ser largo, corto, para el costado, parado, para atrás…

-¿Cuánto tiempo te insume con cada cliente?

-Un promedio de media hora. Doy los turnos cada media hora y está bueno. Eso era algo que me desagradaba, un poco, cuando estaba en el centro. Porque ahí me pedían cortar en 15/20 minutos y no podía hablar nada con los clientes. Cada vez que llegaba alguno del básquet, me quería poner a charlar y le tenía que cortar rápido… Para dentro mío, decía: “Ya voy a tener mi propia peluquería y me voy a dar el gusto de exprimirlos a todos” (Risas).

-¿Ahora estás con mucho laburo?

-Sí, por suerte, estoy teniendo muchísimo trabajo. La verdad que no me puedo quejar.

 

Un día de ensueño

-¿Explícame cómo fue que en 2019 atendiste a los jugadores de la selección argentina?

-Eso, para mí, fue una locura impensada…

-¡Me imagino!

-Fue así: le escribí un mensaje privado a Pato Garino, por Instagram. De caradura, ofreciéndome para ir a cortarles el pelo  cuando lleguen acá a Bahía Blanca.

-¡Fue en la previa al Mundial de China, cuando hicieron la puesta a punto en el Dow Center!

-Exacto.

-¿Pero lo conocías a Garino de alguna parte?

-No… No teníamos contacto de nada… Tuve la suerte de que leyera el mensaje y justo necesitaban un peluquero. Entonces me contactó el jefe de equipo, creo, coordinamos y al otro día agarré la valijita y salí para el Dow. La experiencia de estar ahí, con los jugadores, fue una locura, no lo podía creer…

-¿Le cortaste a todos en el mismo día o volviste a ir?

-Sí, ese día le corté a diez jugadores. Estuve de corrido de las 12 del mediodía hasta las 8 de la noche. Y lo hice de onda, no necesitaba la plata… Con estar ahí, viviendo ese momento, ya estaba para mí. Me conformaba con conocer a los jugadores. Y, encima, me permitieron sacarme fotos con todos, lo cual después me sirvió de gran publicidad…

-Vi que te obsequiaron una camiseta autografiada.

-¡Sí! Tengo la camiseta firmada por ellos y colgada en la pelu. Después de eso, mi Instagram comenzó a subir un montón y empezó a crecer mucho más la clientela del básquet. Llegar a eso significa que no tenés más nada para arriba.

-Es cierto, para los enfermitos del básquet como nosotros es lo máximo.

-Tal cual. No es que fue una foto y nada más… ¡Estuve media hora con cada uno!

-¡Tuviste suerte que no te temblaron las manos! (Risas)

-(Risas) Para el primer corte el que se me sienta es (Agustín) Caffaro. Y tenerlos a todos los chicos ahí, viendo cómo le cortaba, no lo podía creer… Así que en ese primer corte estaba muy nervioso. Después ya me solté y ellos me ayudaron a soltarme charlando, tomando mate, agua… Estaba feliz. No me quería ir más.

-¿Te quedó alguna anécdota con Scola o Campazzo?

-Hablé mucho con Deck, me contó de su familia… Quería salir un poco del básquet para no parecer tan cholulo. Así que con casi todos hablamos de otros temas fuera del básquet, de sus pueblos, de cómo eran sus vidas… Campazzo es un genio total. Me hizo reír las ocho horas que estuve ahí.

-¡Un personaje!

-Sí, tal cual. Estuvo molestando a todos los que se cortaban…

-¿Con Scola profundizaste la charla?

-Luis tiene muy buena onda, pero es más reservado. Le mandé saludos de mi mamá, que es re fanática de él y se los devolvió. También me dejó sacarnos una foto, que le filmara el corte… Son recuerditos que me quedan en la computadora.

-¡Estarías como loco!

-¡Sí! Cuando salí de ahí quería contarle a todo el mundo lo que había vivido. No me entraba tanta felicidad.

-¿La camiseta firmada es la de Deck?

-Sí, la “14” de Tortuga. Ellos, después de Bahía, se van a jugar a Perú (Panamericanos) y salen campeones luciendo mi corte de pelo. No lo podía creer estar viéndolos en la pantalla… ¡Y encima que salgan campeones! Una locura. Después fueron subcampeones mundiales.

-A partir de esa vivencia única, te aumentó la clientela.

-Tal cual. A la semana empezó a escribirme mucha gente y, ahora, todas las semanas, siempre tengo dos-tres mensajes nuevos de jugadores de básquet que, por ahí, para ellos es la primera vez que me ven, pero ya los tengo vistos. Al que le gusta el básquet, les sabe las estadísticas, el nombre y apellido…

 

Falta la aurinegra

-¿Qué otras cosas del básquet exhibís en el local?

-Tengo unas chapitas que van colgadas en la pared. Hay de Jordan, de Pippen, tengo una que me regaló un amigo que es de la NBA también. Todos los meses le voy sumando alguna chapita nueva de básquet. También tengo una camiseta de la selección de Bahía, con la imagen de los tres campeones olímpicos, que me regaló Nachito González.

-Dentro de lo que es el básquetbol, ¿Qué sueño te queda?

-La verdad, el sueño máximo era llegar a la Selección. Nunca lo imaginé, no pensaba que me iba a pasar… Haber cumplido el sueño con apenas cinco años de que era peluquero, no lo puedo creer… Ahora sueño con que sigan viniendo todos los chicos del básquet de Bahía. Eso es hermoso. Hablar todos los días con 3-4 clientes del básquetbol, ya me llena.

-¿Es cierto que cuando Olimpo presente su nueva camiseta estarás cortando en el mismísimo Norberto Tomás?

-¡Sí! Es la idea. Algo de eso está hablado y a mí me encantaría. Ya lo charlamos con Ema Solomon, Marce Miérez y el Oso Santini. A ver si ligo alguna camiseta de Olimpo, que me hace falta acá en el pelu.

-¡Igual, vi que tenés gente de Villa Mitre que asiste también!

-Sí, vino un tiempo Janito (Martínez), Fran Amigo, Rami Santiago… Yo no tengo problema. No soy fanático tampoco…

Mauro Baes es el peluquero del básquetbol. Y le va al pelo.

 

Luciano Mutti

Nació el 5 de febrero de 1975, en Bahía Blanca. Periodista deportivo. Ex diario La Nueva. (21 años) y Revista Encestando (10). Escribe para Gente de Básquet desde agosto de 2016.

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